La
televisión ha puesto otra vez en la agenda el problema de la violencia escolar, expresada ahora en el matonaje (
bullying)
y las peleas entre alumnos o alumnas, con evidentes muestras de inferir
daño el uno al otro (o la una a la otra). Los medios escritos, en otra
muestra de la habitual monotonía y reciprocidad entre TV y diarios, han
reforzado la preocupación sobre el punto, aunque intentando incorporar
otros actores a la situación. Así, en
La Tercera
se incluye una breve nota donde un académico de la USACH plantea que se
requiere mayor protagonismo del MINEDUC, de donde parece desprenderse
una crítica al enfoque de la violencia escolar como un problema de
seguridad pública, cada vez más presente en las políticas respectivas y
en el tratamiento que hacen los medios de comunicación.
El
MINEDUC implementa desde la década pasada, diversas iniciativas
relacionadas directa o indirectamente con la prevención de la violencia
escolar (por ejemplo, la definición de una política nacional de
convivencia escolar y la promoción de estrategias de mediación
escolar). En la actualidad, una de las expresiones más visibles es el
sitio
Convivencia Escolar, provisto de información y recursos pedagógicos relacionados con la convivencia democrática en las escuelas y liceos.
Uno
de los problemas fundamentales de las políticas educacionales sobre
este punto es la debilidad de los diagnósticos sobre la violencia
escolar en Chile, debilidad que surge de otro problema anterior de
mayor densidad que consiste en la delimitación del concepto "violencia
escolar". No hay una definición unívoca (y, por tanto, de utilidad
operacional) de qué es la violencia escolar y qué no lo es, como se
refleja en el difuso límite entre actos con uso de fuerza relativamente
violencia simétrica entre pares, o las expresiones de agresividad
propias de estudiantes durante el desarrollo de algunos juegos
escolares. En efecto, parece insuficiente señalar que es violencia
escolar todo acto que envuelve uso de la fuerza o que tiene
connotaciones de injusticia o abuso contra alguno de los integrantes de
la comunidad escolar. Con esta definición tan amplia, los actos
habituales de imposición enérgica de la disciplina o de la normativa
escolar por parte de los adultos de la escuela o liceo, pueden ser
catalogados como 'violencia escolar'. Similar complicación tienen los
actos cometidos por estudiantes fuera del establecimiento, como las
disputas en plazas cercanas. ¿La violencia deja ser 'escolar' cuando
sale de los límites de la escuela o liceo? Puede ser que, en buena
cuenta, se deba llamar violencia escolar a todos los actos de agresión
acaecidos adentro que, si ocurrieran fuera de la escuela, serían
considerados delitos. De este modo, los robos, las riñas, el
hostigamiento y el matonaje escolar serían la expresión intra-escolar
de expresiones incivilizadas similares, habitualmente castigadas por la
ley en los espacios públicos e incluso los privados (como acontece con
la violencia intrafamiliar). El riesgo de esta definición está, sin
embargo, en que puede criminalizar a los actores de la comunidad
escolar y que, implícitamente, puede sugerir que la conducta desviada
es un problema puramente individual.
Como
no se ha concordado una definición operativa de la violencia escolar,
resulta imposible pesquisar cuánta y qué tipo de violencia escolar hay
en el sistema escolar (por ejemplo, ¿la violencia de género es
violencia escolar o
es otro tipo de violencia?). Sólo se tiene algunas estadísticas de los actos denunciados en
600Mineduc
o en las oficinas de los Departamentos Provinciales del país, pero es
claro que hay una brecha entre el total de actos de violencia escolar y
aquellos que son denunciados. Hasta ahora, por lo mismo, las formas de
estimar la violencia escolar más frecuentes son las encuestas a los
mismos actores escolares, pero no hay un sistema de registro y
monitoreo permanente de la violencia escolar.
Si
a lo anterior se añade la perspectiva simbólica de la violencia
escolar, los bordes son más complejos porque es fácil prever que lo que
para unos es violento, para otros puede no serlo. De hecho, hay toda
una corriente de análisis de la cultura y política escolar que estudia
la denominada '
violencia simbólica'
ejercida por la propia escuela a través de sus normas y prácticas
cotidianas, expresada especialmente en la naturalización de ciertas
relaciones de dominación que portan además concepciones de mundo, de lo
correcto e incorrecto y de lo que corresponde a cada uno en una
determinada comunidad o cultura.
Las consecuencias de la
indefinición y de la debilidad de los diagnósticos sobre la violencia
escolar son previsibles: las políticas arriesgan seriamente su
efectividad. Conviene, mientras tanto, conocer otras experiencias al
respecto, por ejemplo, en
Estados Unidos,
España,
Brasil, entre otros. Una buena síntesis de la literatura disponible en Internet se puede descargar
acá.
Es claro que el tema de la violencia escolar supone gran alarma entre la población, sin embargo, sería bueno reflexionar el hecho de que este siempre ha estado presente dentro de la cultura de la escuela. Todos los que participamos en TRECH lo sabemos, es más, incluso los profesores, padres y amigos nuestros han vivido de una u otra forma el "bullying", ya sea ejerciendolo o sufriendolo.
Se me hace increible pensar que el tema no saliera a la luz hasta que la prensa empezó a hablar de él; cosas como estas parecen negar que alguno de nosotros haya jugado al "caballito de bronce", al "sol" o que jamás uno se ha trenzado a golpes con alguien por cualquiera sea el motivo. Pienso que lo más alarmante del caso es que no se debe esperar a que la prensa dé la alarma, sino que debemos ser nosotros, como los que vivimos y seguiremos viviendo la cultura escolar, quienes pongan de su parte para mejorar la convivencia dentro del aula y lograr un cambio en la concepción de mundo que tienen los jovenes. No debemos esperar a que los diarios y los programas de reportajes le pongan atractivos y agringados nombres a los problemas de este rincon de la tierra.