realidad educacional

apuntes y opinión sobre política educativa y gestión escolar

Los (nuevos) significados de la educación pública (II)

Enviado por luis navarro el 05/12/2007 a las 7:17
Segunda parte del artículo del mismo nombre publicado dìas atrás. El mismo escrito apareció en La Nación, el martes 3 de diciembre, bajo el título "Panorama Post pacto de la Educación". Se argumenta que la principal nota definitoria de lo público en la educación es su capacidad para generar una base de igualdad. Ésta ha sido también la mayor deuda y en ello el Estado debe asumir una gran responsabilidad, puesto que -pese a los esfuerzos realizados desde 1990 a la fecha, no ha encarado el fondo del problema, esto es, su inacción frente a la construcción de una narrativa y una estructuración social del significado de la calidad de la educación mirando a la enseñanza privada. Se ha dicho que el acuerdo político para reformar aspectos estructurales del sistema escolar refunda la educación pública. Por de pronto, re-escribe los significados de la gratuidad y administración estatal de la educación. Ahora se termina por confirmar dos creencias fuertes de muchas familias: la buena educación tiene precio y el Estado no está aportando lo necesario para que las oportunidades y trayectorias educativas de calidad estén garantizadas para todos. Sin que ello implique desconocer los esfuerzos gubernamentales al respecto (como el aumento del valor de la subvención general y creación de la ?subvención preferencial? para establecimientos en condición de riesgo educativo), en definitiva, el financiamiento público no alcanza para asegurar una buena educación y, si no destinan parte de sus ingresos actuales, muchas familias pobres resignarán sus aspiraciones de un mejor futuro para sus hijos. Junto con eso, se renovó la discusión sobre la educación municipal, admitiendo que, además de problemas de capacidad, gestión y financiamiento, hay fallas estructurales en el orden actual. En general, los municipios no han estado preparados para proveer una buena educación pública y sus resultados no son ni educativa ni socialmente satisfactorios porque no garantizan lo común, esto es, los conocimientos y capacidades necesarias para la ciudadanía y para la prosecución de los proyectos personales. Todo esto es contenido en el significado de la educación pública: para muchos, es una opción no deseada, de baja calidad y que produce desigualdad. Si antes se pensó que lo público era sinónimo de lo que iguala y lo común a todos, hoy es claro que no lo es. La educación pública no revierte la segregación escolar y con ello profundiza las diferencias de origen y debilita la cohesión social. Para agravar lo anterior, la selección en establecimientos públicos, aunque se restringe, sigue vigente, so pretexto de la protección del derecho de los establecimientos a formular sus proyectos educativos y decidir quiénes son las familias e hijos que pueden participar de éstos. ¿Conclusión? El Estado es co-responsable de la desigualdad porque, por más de 25 años, se ha inhibido ante la iniciativa privada. Si históricamente el sistema escolar tuvo como actores a la Iglesia y el Estado, desde los ?80, las condiciones favorables para el emprendimiento privado, sumada a un financiamiento y regulaciones mínimas, consolidaron un sistema con una enseñanza privada de calidad variable y una escuela pública, baja en calidad y cantidad. La escasa fuerza de los municipios y el gobierno central han alentado la ampliación y aceptación social de la educación privada que, de un lado, ha multiplicado los proyectos educativos y, de otro, ha profundizado la segmentación. Más todavía, el Estado desnudó de significado público a la escuela y el liceo y las familias comenzaron a construir una representación de la calidad de la educación mirando la enseñanza privada. Con lo anterior, no sólo se ha transformado los aspectos objetivos del sistema escolar (cobertura y matrícula, recursos en juego, etc.), sino que se recompusieron los criterios de elección y la valoración de lo público para las familias y los propios estudiantes. El Estado, por omisión e inacción, ha hecho que sea familiar la creencia de que es preferible la educación privada a la pública. Siempre existió una enseñanza dirigida a un grupo reducido, pero la mayoría compartía la narrativa y le era más familiar la escuela y el liceo de todos. Así, del mismo modo que los barrios cerrados segregan la ciudad y debilitan el espacio público al reducir las oportunidades de encuentro entre pobres y no pobres, la proliferación de establecimientos privados en complicidad con la baja de la oferta y calidad de la enseñanza pública, han segregado alumnos y escuelas y han reafirmado la desigualdad social. En resumen, la educación pública no iguala ni es común a todos. Tampoco es del Estado ni menos gratuita ¿Y qué queda de público? Lo esencial es asegurar que escuelas y liceos contribuyan a una sociedad, si no más justa, al menos más decente. Tal vez lo público sea este énfasis en instituciones (Leer más)